Cocinas ecológicas que consumen menos leña
En muchos lugares del mundo, los hogares sólo pueden disponer de cocinas que funcionen con leña o con carbón. Para este tipo de hogares se está llevando una campaña de promoción del uso de cocinas ecológicas. Son cocinas con una cámara con chimenea que reduce hasta en un 90% la emisión de dióxido de carbono y, además, ahorra cerca de 70% del gasto en leña. Se conocen con el nombre de ecocinas.

En las áreas rurales y empobrecidas no es probable que sus habitantes cambien el tipo de cocina que usan. Por falta de recursos y por cultura: se han usado por generaciones y el salto tecnológico se ve con miedo. Por eso, Gustavo Peña y Larry Winiarski pensaron en mejorar el funcionamiento del tipo de cocina que usaban tradicionalmente.

Así, Peña y Winiarski han diseñado modelos de cocinas que optimizan la energía y reducen la quema de madera y, por tanto, también disminuyen la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, estas cocinas son portátiles, ofrecen una buena eficiencia calorífica, durabilidad y no necesitan un complicado mantenimiento.

En Nahuilingo, un poblado de origen indígena en El Salvador, ubicado a 210 metros sobre el nivel del mar y a 66 kilómetros de distancia de la capital, San Salvador, se ubica la fábrica de cocinas ecológicas en la que trabajan dieciséis empleados. Las ecocinas se distribuyen por Honduras, Guatemala, Nicaragua y México. Peña, promotor de cocinas, sigue investigando nuevos modelos de cocinas eficientes: con tres hornillas, con una plancha en la superficie, con horno para cocer pan, con un sistema híbrido que permita también usar energía eléctrica…

El mayor problema en el caso concreto de un país como El Salvador, en el que la densidad de población es de más de 250 habitantes por kilómetro cuadrado, es que la gestión de los recursos naturales no es sostenible y casi se ha eliminado la vegetación natural de la zona. Se estima, en este sentido, que únicamente ha resistido un 2% del bosque original. Pero no se puede pedir a la gente que vive en áreas rurales que no cocinen con leña, único recurso disponible y barato.

Pero la peor consecuencia del uso de la leña no es la deforestación, sino la inhalación de humo en el hogar: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren en el mundo 1,6 millones de personas por esta causa.

Por tanto, además de distribuir estas cocinas ecológicas entre todos los habitantes para que consuman menos leña, también habrá que llevar a cabo un plan integral de reforestación y mantenimiento de los recursos naturales. Por su futuro y por su salud.