Enseñar el cambio climático en la escuela
El cambio climático es un asunto de tal importancia que en algunos países ya entra dentro de las asignaturas que se estudian en las escuelas. Sin embargo, en Inglaterra, el asesor del Gobierno que prepara la reforma educativa no lo ve tan claro y, en su opinión, no debe ser una asignatura que deba ser incluida en el plan de estudios nacional.

Tim Oates, encargado de la revisión del plan de estudios que afectará a los chicos de edades comprendidas entre los cinco y los dieciséis años de edad y que se publicará a final de este año, señaló que deben ser las escuelas las que decidan si es conveniente y, en caso de que así sea, cómo hacerlo, impartir una asignatura que trate sobre el cambio climático.

El cambio climático ha figurado en el plan de estudios nacional inglés desde 1995. En 2007, temas como “la comprensión cultural de la ciencia” o “aplicaciones e implicaciones de la ciencia” se añadieron al plan de estudios de los 11 a los 14 años.

Hay expertos que sí están a favor de conservar esta asignatura de cambio climático. Bob Ward, director de política y comunicaciones del Instituto Grantham de Investigación sobre el Cambio Climático y Medio Ambiente en la Escuela de Economía de Londres, es uno de ello. Advirtió de que, si no se va por ese camino, se corre el riesgo de no ofrecer temas que interesen a los alumnos y, finalmente, la ciencia sería menos llamativa para ellos.

El estudio del cambio climático en los planes de estudio es una forma de conectar conceptos científicos básicos con temas de actualidad. En otras palabras, es una forma de hacer más interesante el estudio de la ciencia. Bob Ward sospecha que lo que no les gusta a algunos políticos es el propio concepto de cambio climático. Pero cerrar los ojos a la realidad no es buen camino para arreglar los problemas ni de preparar a generaciones futuras.

Este científico fue más allá en sus declaraciones y señaló que incluir esta asignatura puede animar a profesores escépticos del cambio climático a abandonar la enseñanza de la materia a sus alumnos. Y lo comparó con un profesor creacionista que no quisiera enseñar el concepto de evolución. El cambio climático es ciencia y tiene que enseñarse, del mismo modo que se enseña la teoría de la gravedad.

Annette Smith, directora ejecutiva de la Asociación de Educación de Ciencias, opina que la ciencia se desarrolla en el día a día de la gente, todo el tiempo, y que es algo que afecta a nuestras vidas constantemente. No se puede obviar de los planes de estudio.

Pero Tim Oates tiene otra visión. Cree que si se vive en una ciudad donde hay fábricas, es algo que deberían aprovechar los profesores como contexto para enseñar los efectos sociales de la ciencia, mientras que en otros lugares, por ejemplo, se puede estar más interesado en cómo la industria farmacéutica produce medicamentos. En definitiva, enseñar a los niños con una aplicación social y real de la ciencia, con temas concretos.

El cambio climático en el plan de estudios actual

El plan de estudios nacional de Inglaterra dice que los niños deben aprender sobre el cambio climático y cuidado del medio ambiente en las clases de ciencia:

– Entre 5 y 11 años: los alumnos deben aprender a cuidar el medio ambiente como parte de un tema en los procesos de la vida y los seres vivos.

– Entre 11 y 14 años: cómo la actividad humana y los procesos naturales pueden llevar a cambios en el medio ambiente y sobre las maneras en que los seres vivos y el medio ambiente deben ser protegidos. Se anima a examinar cuestiones como los recursos limitados de que disponemos, la reducción de residuos, el reciclaje, las energías renovables y la contaminación del medio ambiente. Además, describir y explicar la importancia de aplicaciones e implicaciones de la ciencia en contextos familiares y no familiares, como la solución de los problemas derivados del cambio climático global.

– Entre 14 y 16 años: aprender que la superficie y la atmósfera de la tierra han cambiado desde el origen de la Tierra, y están cambiando en la actualidad. También deben estudiar cómo los efectos de la actividad humana sobre el medio ambiente se puede evaluar, a través de indicadores biológicos y no biológicos. Aprender a considerar cómo y por qué se toman decisiones desde el punto de vista de la ciencia y la tecnología, incluidas cuestiones éticas sobre efectos sociales, económicos y ambientales de las decisiones.