Fertilización carbónica en el cultivo del tomate
Las plantas, para crecer, absorben dióxido de carbono. Bajo esta premisa, desde hace un tiempo se está desarrollando una técnica de cultivo en la que se acelera el crecimiento de la planta proporcionándole de manera artificial dióxido de carbono. De este modo, no sólo se puede conseguir tener verduras comestibles más grandes o en menos tiempo, sino que se retiene dióxido de carbono, responsable del cambio climático.

Hay que señalar que para que esta técnica sea efectiva, es esencial adecuar la cantidad de luz y de agua que recibe la planta a la cantidad de dióxido de carbono extra que se le aplica. Pero, bien gestionada, puede ser una forma de que el rendimiento del cultivo aumente, mientras se protege el medio ambiente. La técnica se conoce como fertilización carbónica.

El Instituto Técnico y de Gestión Agrícola (ITGA) de Navarra ha organizado, al respecto, una jornada técnica sobre la aplicación del dióxido de carbono en el cultivo de tomate. Esta técnica permite incrementar la producción y la calidad de los cultivos, pues consigue una mayor tasa de fotosíntesis. Es decir, que absorbe más carbono de la atmósfera.

La jornada se enmarca dentro del Proyecto Cenit SOST CO2, un proyecto de ámbito nacional financiado por el Centro para el Desarrollo tecnológico e Industrial (CDTI), en el que participa el ITGA, junto con la empresa Iberdrola y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Cataluña (IRTA). Este protecto tiene como objetivo fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías que incentiven la captura y el uso del CO2 capturado, evitando su emisión a la atmósfera y proporcionando un valor añadido.

Durante la jornada se tratará el uso del CO2 como fertilizante en horticultura protegida y se realizará la explicación del ensayo en tomate hidropónico en Navarra con la aplicación de CO2. También se visitará el campo de ensayo.

Según un reciente estudio elaborado por el Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (Ceigram), la agricultura española consume cada vez menos agua y energía, pierde menos suelo y emite menos CO2 a la atmósfera.