Los animales y plantas más amenazados por el cambio climático
La UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) ha elaborado una lista con las especies más amenazadas por el fenómeno del cambio climático. Dicho organización presentó la lista durante la Cumbre del Clima de Copenhague a través de un informe titulado Especies y Cambio Climático.

Se trata, no sólo de indicar la terrible situación que atraviesan las diez especies más afectadas, sino también analizar sus hábitats terrestres, marinos y fluviales y proponer una solución al problema. Hay animales polares, como no podía ser de otra forma, pero hay organismo de otras zonas del planeta.

Algunas de las especies más amenazadas son la ballena beluga, el pingüino emperador, el pez payaso, el zorro ártico y el koala. En general, como era de prever, las especies polares se encuentran especialmente afectadas por el calentamiento global porque el hielo del hábitat donde viven está desapareciendo.

La foca anillada se tiene que desplazar cada vez más al norte para encontrar hielo. El pingüino emperador es una especie que se ha adaptado a las extremas condiciones climáticas de la Antártida, unas condiciones que están desapareciendo. Sin la placa de hielo antártica, esta especie de pingüino no se puede reproducir. Por otra parte, cada vez tiene más dificultades para encontrar alimento.

Desaparecen ecosistemas enteros, como la tundra ártica. El problema afecta a las especies que se han adaptado a ese ecosistema, en especial, al zorro ártico. Las temperaturas aumentan y aparecen en la zona nuevas especies de plantas. La tundra pronto será un bosque, en el que podrá habitar el zorro rojo, el mayor competidor del zorro ártico. El color del pelaje de ambas especies deja bien claro a qué hábitat se ha adaptado cada una.

La ballena beluga (en la imagen) sufre por la pérdida de hielo y la dificultad de encontrar presas para comer. La actividad humana es cada vez mayor en lugares antes inhóspitos, como las placas de hielo del Ártico, lo que aumenta la contaminación de la región y pone en serio peligro la supervivencia de este enorme mamífero.

Más allá de los polos

Los animales que viven en las regiones polares son los ejemplos paradigmáticos cuando se habla de los problemas que causa el calentamiento global. Pero animales de otras regiones están también afectados, en algunos casos, casi de la misma forma. En las áreas tropicales, un tipo de corales que comprende más de 160 especies está afectado por el aumento de la temperatura de los océanos. Los corales se vuelven blancos debido a la acidificación del mar causada por el exceso de dióxido de carbono (CO2). El cambio de color es una prueba de que el esqueleto de los corales está debilitado.

El famoso de pez de la película Buscando a Nemo, el pez payaso, es otra de las víctimas del cambio climático. Su problema tiene el mismo origen que lo que ocurre con los corales: la acidificación debido a la absorción de carbono del mar, que trastornan el olfato del pez payaso, impidiéndole encontrar un cobijo seguro, fuera del alcance de los depredadores.

El salmón, uno de los pescados más consumidos del mundo, también está amenazado por el aumento de la temperatura del agua y la reducción de los niveles de oxígeno.

El koala australiano tiene un problema bien distinto: se está quedando sin comida y, encima, es de mala calidad. Es lo malo de tener una dieta tan especial. El koala sólo se alimenta, prácticamente, de hojas de eucalipto. La calidad nutritiva de dichas hojas disminuye por el aumento de CO2 en la atmósfera, así que el koala come peor y su salud se resiente.

La tortuga laúd tiene problemas para criar debido a la falta de humedad en las playas del Caribe donde lo hace y al aumento de las temperaturas.

Plantas en peligro

También hay plantas amenazadas. El árbol del aloe del desierto de Namibia, en el sur de África, muere debido a las sequías cada vez más frecuentes. Las plantas, además, no cuentan con la posibilidad de los animales de moverse al instante. Se pueden trasladar a otras latitudes, buscando condiciones más idóneas (de hecho, algunas especies lo están haciendo), pero necesitan años para llevar a cabo el proceso. Por ello, son los seres vivos que más padecen el cambio climático.