Las ballenas jorobadas no quieren abandonar la Antártida en invierno por el cambio climático


Las ballenas jorobadas parecen seguir el viejo consejo que recomienda no moverse al que esté bien. Y ellas lo están, vaya si lo están disfrutanto de unos veranos cada vez más largos en la Antártida por gentileza del cambio climático.

Cada año, las ballenas acostumbran a emigrar en época estival a aguas de la Antártida, donde pasan sus veranitos comiendo krill (camarones) a placer, un auténtico manjar que consituye la fuente de alimentación más importante de estos gigantes marinos. ¿Entonces, por qué marcharse? Si el calentamiento global está retrasando el invierno, no hay motivo para alejarse de las bahías antárticas en las que tan bien se encuentran.
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Cruce de especies en peligro de extinción


El instinto de supervivencia es lo que marca el comportamiento de los animales. Si el hábitat donde viven se modifica, buscan otro que les convenga más para su modo de vida. Viajan, emigran. Buscan comida en otros parajes. Y también buscan una pareja con la que procrear. Y, si no la encuentran de su propia especie, el instinto les hace procrear con la de otra especie. El oso polar se está viendo obligado a desplazar su hábitat natural por el deshielo del Ártico y, en este viaje, se está encontrando con otra especie, el gran oso pardo americano, también llamado grizzly. Un cazador se encontró con la sorpresa de que, la pieza abatida, era un híbrido de las dos especies de oso: un oso polar blanco con manchas marrones.

Si la situación continuara así, el oso polar desplazándose y mezclándose con el gran oso pardo, el primero podría desaparecer como especie. Su hábitat se reduce año tras año y se encuentra en peligro de extinción, tanto porque el hielo del Ártico se está derritiendo a causa del cambio climático, como por la caza furtiva que se produce en Rusia.

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