La emisión de CO2 podría afectar a los satélites

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El dióxido de carbono (CO2) es responsable del calentamiento global. La temperatura media de la Tierra aumenta cada año. Pero no es el único proceso que causa este gas. La termosfera es otra de las capas de la atmósfera terrestre que está siendo afectada por la emisión del gas.

En la termosfera es donde se encuentran los satélites. La capa se está contrayendo, los que podría afectar a su operatividad. La basura espacial, por su parte, también podría cambiar de rumbo y causar problemas. Todo ello, debido a que, mientras que el CO2 calienta la Tierra, enfría las capas superiores de la atmósfera. Más efectos colaterales de la actividad del ser humano.

La termosfera es una capa de la atmósfera que se encuentra entre la mesosfera y la exosfera. Comienza, aproximadamente, a 80 o 120 kilómetros de la Tierra y llega hasta los 500 kilómetros de la superficie terrestre. En esta capa, los rayos gamma y los rayos X del Sol provocan la ionización de átomos de sodio y moléculas y los gases que componen la capa elevan su temperatura varios cientos de grados. También se llama ionosfera porque los gases están ionizados. Si el Sol está activo, las temperaturas en la termosfera pueden llegar a los 1.500 ºC.

La presencia de dióxido de carbono en la termosfera ha aumentado en la última década. Al enfriarse, la zona se está contrayendo, lo que podría afectar a los artefactos mandados allí por el hombre.

Calor que se libera al espacio exterior

En la termosfera, la cantidad de CO2 es mucho menor que en otras capas de la atmósfera. Por ello, es casi transparente al paso de la radiación infrarroja. Los rayos de Sol impactan en las moléculas de dióxido de carbono y provocan colisiones del oxígeno atómico, lo que tiene dos consecuencias: convierte las moléculas de dióxido de carbono en monóxido de carbono (CO) y, después, las vuelve a convertir en CO2; y, por otra parte, a causa de estos procesos, se libera calor que se escapa al espacio.

John Emmert, de la división de ciencia espacial del Laboratorio de Investigación de la Marina de los Estados Unidos (NRL), junto a otros colegas de universidades canadienses y estadounidenses, han comprobado que la concentración de carbono (tanto de CO2 como de CO) en las partes altas de la atmósfera no ha dejado de aumentar en la última década. La causa no puede ser otra que las emisiones antropogénicas.

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