Volkswagen no quiere reducir sus emisiones

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La organización ambientalista Greenpeace no ha podido elegir mejor escenario para protestar en contra de las emisiones de gases contaminantes de los coches: la Feria del Automóvil de Bruselas (Bélgica). Allí, doce activistas de dicha organización disfrazados de osos polares han pedido a la empresa Volkswagen que abandone la fabricación de vehículos contaminantes y deje de presionar contra la nueva normativa europea que persigue la reducción de emisiones de CO2 de los vehículos nuevos.

Por otra parte, cuatro escaladores de la organización Greenpeace desplegaron una pancarta en el interior de la Feria en la que se podía leer “Stop Volkswagen destroying the Arctic” (Volkwagen: deja de destruir el Ártico).

Greenpeace se dirige especialmente a Volkswagen porque es el mayor fabricante de coches europeo y el segundo del mundo y fabrica vehículos contaminantes cuyas emisiones, entre otros efectos negativos para el planeta, están destruyendo el Ártico. Pero, sobre todo, porque está presionando para rebajar los objetivos de la nueva normativa europea que pretende obligar a que las empresas automovilísticas fabriquen coches más limpios y más eficientes. En Europa se está tendiendo a vehículos que cada vez emiten menos carbono y la presión de la compañía alemana perjudica la tendencia y prolonga la dependencia de los ciudadanos y, en general, de la sociedad, del petróleo que, además, no para de subir de precio.

En otras palabras, Volkswagen tiene una política de empresa que fomenta la extracción de petróleo en ecosistemas frágiles como el del Ártico, donde los vertidos tienen un impacto devastador.

Precisamente será en este 2012 cuando se actualice la normativa que regula la eficiencia de los vehículos. La legislación europea sobre la que se trabaja podría reducir las emisiones medias de los vehículos por debajo de los 95 gramos de dióxido de carbono por kilómetro en 2020. Volkswagen está liderando la oposición a esta normativa y ha señalado que tal objetivo “no está basado en una evaluación del impacto ni en una apreciación realista de los costes y del progreso técnico necesario para cumplir el objetivo en el periodo de tiempo dado”.

Los vehículos más eficientes y con menores emisiones de CO2 benefician a las empresas, a los conductores y a la lucha contra el cambio climático y, además, mejora la calidad del aire de las ciudades.

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