Un juicio por desplegar una pancarta


En Copenhague, en 2009, los líderes políticos se reunían para hablar sobre cambio climático y debatir la solución del problema. Pero no escuchaban a la gente, del mismo modo que no escuchan a los indignados del 15-M, ni a los ciudadanos islandeses ni a los egipcios… Los políticos no escuchan. Así que un pequeño grupo de activistas de Greenpeace realizaron una protesta pacífica para llamar la atención sobre el problema del cambio climático, para dar un buen tirón de orejas a los responsables de que las emisiones de dióxido de carbono sigan aumentando cada año. No sirvió de nada. No les escucharon.

El cambio climático no se frena. Todo lo contrario. Y esos activistas de Greenpeace se enfrentan a un juicio que comienza hoy, día 20 de junio. Su delito: desplegar una pancarta en la que se podía leer

Los políticos hablan, los líderes actúan.

La cumbre de Copenhague no sirvió para tomar medidas concretas con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono o para proteger los bosques tropicales, grandes sumideros de este gas de efecto invernadero. Copenhague era una ciudad tomada por la policía aquellos días: las industrias petroleras y del carbón eran (son) las que mandaban, los políticos sólo figuraban y organizaban banquetes para celebrar que no se había tomado ninguna decisión importante al respecto, que todo iba a seguir igual. La gente protestaba en las calles, pero sus quejas no eran oídas. Como ocurre actualmente en Grecia, en España, en Chile…

Los datos sobre emisiones globales de CO2 en 2010 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) no dejan lugar a dudas: las emisiones aumentaron un 5% respecto al anterior récord, registrado en 2008. ¡Y aún siguen asegurando que estamos en crisis!

Si en 2020 se superan las 32.000 MTm de emisiones, el calentamiento glabal sería superior, según los cálculos de los expertos en clima, a dos grados centígrados, que se considera como el límite de seguridad por los científicos del IPCC.

Los datos de emisiones contaminantes son preocupantes, los científicos avisan, los ciudadanos protestan… pero, de momento, lo único que se ha conseguido es que cuatro activistas que quieren salvar el planeta puedan acabar en la cárcel o pagando multas millonarias por allanamiento de morada con la agravante de que se trata de una sede de la Corona de Dinamarca y estaba presente la Reina, falsificación de documentos y suplantación de funcionario público. Tan sólo por desplegar una pancarta. Mientras, decisiones de los grandes mandatarios acaban con el medio ambiente y llevan a millones de personas a la pobreza y a morir de hambre. No hay quien lo entienda.

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