La gran sequía del Amazonas


La selva amazónica sufrió una terrible sequía en 2010 de la que aún no se ha recuperado. Los rigores del clima y la tala indiscriminada de árboles pueden acabar con una de las grandes selvas mundiales, con el enorme pulmón, el gran sumidero de carbono que es la Amazonia. La sequía de hace un año es considerada como la peor de todos los tiempos.

Muchas zonas verdes han quedado destruidas, lo que, a la larga, supone que muchas especies de animales tengan difícil sobrevivir, además de que contribuye a la aceleración del cambio climático, ya que la madera putrefacta que se acumula en los árboles que mueren por falta de agua emite dióxido de carbono a la atmósfera.

La destrucción de la selva amazónica se convierte así en un problema global que puede propiciar grandes cambios ambientales en lugares muy alejados del continente americano. Dos equipos de científicos de la NASA han analizado la disminución de las zonas verdes de la selva y han elaborado un informe.

La sequía comenzó en la Amazonia entre julio y agosto de 2010. En octubre de ese mismo año ya se podían observar cambios en la selva. Era el comienzo de la catástrofe. Además del río Amazonas, otros ríos pertenecientes a su cuenca se vieron gravemente afectados. Por ejemplo, el cauce del río Negro comenzó a disminuir en agosto de 2010 y en octubre llegaba a un histórico mínimo nivel. En octubre, con la llegada de las lluvias, logró recuperarse.

Los científicos de la NASA comprobaron que el verdor de la vegetación se reducía considerablemente. Este verdor es tomado como una forma de conocer la salud de la selva. Se calculó que una superficie aproximada de dos millones y medio de kilómetros cuadrados estaba siendo afectada por la sequía.

Todas las previsiones señalan hacia un aumento de la temperatura en los próximos años. Sólo difieren en cuánto va a aumentar. Las precipitaciones se verán alteradas, la humedad se reducirá, así como el agua en el territorio amazónico. La vegetación selvática cambiará y, a largo plazo, será más similar a una pradera o a una sabana que a una selva.

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