La sequía facilita el trabajo a los arqueólogos


A veces, la sequía puede ser de gran ayuda para algunas profesiones, como la arqueólogía. Es lo que ha ocurrido en el lago Peñuelas, en la región chilena de Valparaíso, un lago artificial creado a finales del siglo XIX.

El lago Peñuelas fue nombrado Reserva de la Biósfera por la Unesco en 1985. Bajo sus aguas, quedaron una casa patronal y vestigios que podrían pertenecer a la cultura precolombina Bato. Así lo señalan los arqueólogos que han encontrado estos restos gracias a la sequía. Al bajar el nivel de agua y cubrir la extensión de doscientos kilómetros, los restos arqueológicos quedaron al descubierto.

Con respecto a la bajada en el nivel de las aguas, se ha iniciado una investigación para conocer las verdaderas causas de la situación. El director regional de la Conaf (Corporación Nacional Forestal), Julio Figueroa, ha indicado que la institución envió una carta a Esval (la empresa privada distribuidora de agua), en la que solicita antecedentes de la extracción, ya que podría supone un impacto al medio ambiente, principalmente, a la fauna protegida de la región, así como a la flora asociada al lago. También han quedado al descubierto los restos de la guerra civil vivida en Chile en 1891, cuando el presidente Balmaceda fue derrotado tras la batalla de Concón y Placilla.

Además de esta eventual falta de agua en el lago Peñuelas, los arqueólogos realizan su trabajo en otros lugares secos, como el desierto de Atacama, que, de hecho, es el mugar más seco del planeta. En Atacama, se conservan intactos los restos de culturas como la Chinchorro, con la famosa momia del mismo nombre, o el Museo del Padre Le Paige, un jesuita que al llegar a San Pedro de Atacama, en 1955, comenzó a recolectar restos arqueológicos de incalculable valor.

Restos humanos de la terrible época de la dictadura militar, desaparecidos, asesinados por el régimen dictatorial, también han podido ser descubiertos a causa de la sequía, como la fosa común de Pisagua, localidad de la región de Tarapacá, en el extremo norte de Chile.

La sequía, perjudicial para el medio ambiente, pero una oportunidad única para el trabajo de los arqueólogos.

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