
Seas monárquico o republicano, hayas seguido por televisión o leído en las revistas de papel cuché sobre la última boda de la monarquía británica o no te importe en absoluto, si te interesa el medio ambiente, has de saber que este tipo de eventos generan mucho dióxido de carbono. O, en otras palabras, contribuyen al cambio climático.
Ha sido la empresa Landcare Research, que ha desarrollado un sistema internacional para cuantificar las emisiones de dióxido de carbono, la que lo ha aplicado a las celebraciones de la boda real entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton. Según los cálculos de la citada empresa, el magno evento habría generado unas 6.765 toneladas de dióxido de carbono. Para poner esa cifra en perspectiva, hay que señalar que eso es 1.230 veces más que la media de un hogar del Reino Unido. Ya se sabe que la realeza lo hace todo a lo grande, también emitir gases perjudiciales para el medio ambiente.
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Los gobiernos quieren (con buen criterio) responsabilizar a toda la ciudadanía en la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Pero, para que los consumidores puedan ayudar al grave problema del cambio climático con una compra responsable, deben estar bien informados. Por ello, cada vez más gobiernos desarrollan leyes para etiquetar los productos con información acerca de las emisiones de CO2 que han sido necesarias emitir a la atmósfera para llevar el producto desde la naturaleza al supermercado o a la tienda donde lo comprará el consumidor.

