Midiendo in situ cómo se derriten los polos

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No es lo mismo medir el deshielo con los datos que proporciona un satélite o un programa de ordenador que hacerlo estando en el lugar de los hechos, como se suele decir en lenguaje policial, el lugar donde se está produciendo el crimen, en este caso, el asesinato (lento) del planeta Tierra.

Es lo que trata de hacer el proyecto Glackma (GLAciares, CrioKarst y Medio Ambiente), que analiza los glaciares como sensores naturales de la evolución del calentamiento global. Este proyecto comenzó hace una década, en 2001, cuando se comenzaron a funcionar aparatos de medición en las que llamaron Cuencas Piloto Experimentales (CPE) a diferentes latitudes en glaciares de ambos círculos polares y en las que se registraban de forma continua la descarga líquida glaciar con intervalos horarios precisos.

Diez años de mediciones in situ, de datos totalmente fiables sobre al calentamiento global desde ocho diferentes estaciones en ambos casquetes polares, en el Ártico y en el Antártico, cuatro en cada polo. El proyecto está a cargo de Adolfo Eraso, geólogo y espeleólogo, y Carmen Domínguez, matemática y profesora en la Universidad de Salamanca. Estos intrépidos científicos, además de instalar los sensores, tienen que llegar hasta ellos cada cierto tiempo para recoger los datos, cambiar las baterías y comprobar que todo sigue funcionando, llegar hasta zonas donde las temperaturas casi siempre rondan los 40 grados bajo cero.

Los aparatos de medición se encuentran instalados en puntos estratégicos a los que sólo llegan animales como focas, pingüinos y osos polares. En definitiva, más de cien mil datos concretos por cada uno de esos sensores y año, ya que son 8.760 parámetros diferentes los que mide cada uno de los dispositivos: los metros cúbicos de agua por segundo por cada kilómetro cuadrado de cuenca glaciar, la temperatura ambiente, la humedad del aire, la presión atmosférica, la radiación solar, las precipitaciones (tanto de nieve como de agua y diferenciándolas), etcétera. Todo ello, para conformar un mapa de gran exactitud de la evolución ambiental del hielo polar.

Es la mayor secuencia de datos que existe en el mundo sobre este tema y cuyo análisis, que no ha hecho más que empezar. Científicos de todo el mundo esperan poder acceder a los datos. De momento, ya colaboran con investigadores de varios países, entre ellos Alemania, Rusia y Estados Unidos. Las primeras conclusiones son que cualquier pequeña variación de la temperatura ambiente tiene un efecto inmediato en el deshielo glaciar y que, debido seguramente a que la mayor parte del mundo industrializado se encuentra en el hemisferio norte, el deshielo se produce entre 3,5 y 4 veces más rápido en el Ártico que en el polo sur.

Pese a lo interesante y útil que es este proyecto científico, los recortes presupuestarios típicos, históricos, casi se podría decir, a la ciencia y la investigación española (y más en tiempos de crisis, ya se sabe, Educación, Cultura y Ciencia no valen nada), los promotores se han visto obligados a buscar financiación privada.

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