Dormir bien ayuda a frenar el cambio climático

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El impacto del hombre en el cambio climático ha sido muy analizado en diversos estudios, sobre todo, en relación a sus hábitos, actividad económica, modo de vida… Sin embargo, se han dejado a un lado, o por lo menos han pasado más desapercibidos, otros aspectos sobre los que se ha demostrado que también influyen: el sueño. Nuevos datos han puesto de manifiesto que la calidad del sueño influye en el cambio climático. Dormir bien tiene así ventajas no solo para la persona, sino también para el entorno.

El estudio

Esta relación entre sueño y cambio climático ha sido realizada por la Sociedad Española del Sueño con motivo de la celebración del Día Mundial del Sueño. Un nexo que puede parecer muy extraño, pero que tiene sentido a raíz de los datos e información aportada.

La clave estaría en que la calidad del sueño tiene un impacto directo en la toma de decisiones que se hace. De esta manera, en última instancia, estas decisiones pueden tener repercusiones en los grandes desafíos a los que se tiene que enfrentar el planeta como la contaminación o el cambio climático.

Dormir mal o poco impacta de forma negativa en el sistema cardiovascular, neuroendocrino, inmunológico o neurocognitivo. Pero, además, también tiene otros efectos poco beneficiosos.

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Y es que se genera en la persona una menor alerta diurna y un déficit de atención, aparte de producirse igualmente problemas de memoria o de concentración, somnolencia diurna excesiva e impulsividad conductual. Esto puede llevar a razonamientos ilógicos y una toma de decisiones inadecuadas. Además, una persona que no duerme las horas suficientes tiene un déficit atencional selectivo y no puede establecer juicios.

De hecho, se ha establecido una relación entre estos efectos negativos de la mala calidad o falta de sueño con algunas catástrofes. Es el caso del accidente del petrolero Exxon Valdez, que vertió 37.000 toneladas de petróleo en el mar de Alaska en el año 1898.

Hábitos

El impacto de la falta de sueño también tiene otra serie de consecuencias. Y es que se mantienen unos hábitos que son poco sostenibles porque se mantiene la actividad durante la noche, aumentando el gasto energético.

Además, se adoptan otros hábitos poco saludables como el aumento del consumo de comida rica en carbohidratos o procesada, que habitualmente se envuelve en plásticos, aparte de aumentar el consumo de tabaco o de productos estimulantes. También hay relación con un envejecimiento prematuro.

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