Cómo calculan los científicos las condiciones climáticas del pasado

Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0


Cuando los científicos afirman que existe un cambio climático que está afectando al planeta no lo hacen a la ligera. Han analizado datos sobre temperaturas y nivel de precipitaciones en todas partes del mundo y en diversas épocas. ¿Pero cómo lo hacen? ¿Cómo recopilan todos esos datos?

Actualmente, los científicos cuentan con dispositivos que les facilitan el trabajo. También cuentan con programas informáticos que procesan la información mucho más rápido que el ser humano. La técnica ayuda a que el trabajo científico sea más rápido y más eficiente. Pero también se manejan datos recabados hace años, cuando no existían dispositivos tan sofisticados. En todo caso, hace siglos que se mide la temperatura de la superficie terrestre por medio de termómetros en las estaciones meteorológicas y desde los buques y boyas en el mar.

Todos estos datos, que cubren gran gran parte del globo, se guardan desde mediados del siglo XIX, permitiendo a los científicos determinar la tendencia de la temperatura media mundial durante los últimos 160 años.

Más allá de esa fecha, los expertos en el clima cuentan con otros métodos indirectos, como evidencias registradas por cronistas, los medios de comunicación y los registros oficiales en instituciones públicas. Otra forma indirecta proviene del análisis de archivos naturales, es decir, de hielo, rocas, fósiles, etc.

Por ejemplo, las capas de hielo se forman con la nieve que se acumula año tras año. La primera capa visible es la más reciente. Pero debajo de esa capa hay otras capas en las que se acumula información esencial para el estudio del clima (y de otras disciplinas científicas). La composición química de la nieve es diferente según la temperatura y la época en que se formó una capa de nieve. En Groenlandia, se puede calcular la temperatura hasta de hace unos 250.000 años. Y en la Antártida, hace 800.000 años.

Los corales fósiles y otros sedimentos geológicos también permiten calcular (siempre con un margen de error) la temperatura de siglos atrás. Los anillos de crecimiento en los troncos de los árboles también son una fuente de información valiosísima para los científicos, ya que tienen diferente anchura dependiendo del clima en el momento de crecimiento. Los granos de los cultivos fosilizados permiten a su vez determinar qué plantas estaban creciendo en el pasado, lo que nos puede dar una idea bastante aproximada del clima de la época.

Los científicos no se inventan los datos. Los calculan, los analizan. Es su trabajo. Un irresponsable sector de la sociedad quiere desprestigiarles. Ojalá la ciencia y el conocimiento se impongan (como han hecho siempre, por otra parte) a la superstición y a los intereses políticos y económicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *