La agricultura de conservación mitiga el cambio climático


La agricultura de conservación es un tipo de agricultura que usa ciertas técnicas con el objetivo de promover prácticas agrícolas que logren una mejor conservación del suelo agrícola y de su biodiversidad. Pero, además, este tipo de agricultura ayuda a mitigar el cambio climático.

España es uno de los países en los que más se practica la agricultura de conservación dentro de la Unión Europea (UE). Se siguen técnicas de agricultura de conservación en 1,6 millones de hectáreas. Estas técnicas agronómicas se pueden aplicar a toda clase de fincas, sin importar su tamaño, así como a cualquier ecosistemas agrícola.

La agricultura de conservación trata de unir una producción agrícola rentable con la protección eficaz del medio ambiente. En definitiva, esta agricultura casi no altera el suelo (lo mínimo posible) y, por tanto, mantiene una cobertura de restos vegetales esencial para su buena conservación.

Entre otros beneficios, se produce una gran reducción en la erosión de los suelos, lo que, a su vez, evita la aridez. Todo el sistema ecológico se beneficia: hay más materia orgánica, una buena estructura del suelo, mayor biodiversidad, un aumento de la fertilidad natural de los suelos y, todo ello, provoca una menor emisión de dióxido de carbono a la atmósfera y un menor riesgo de inundaciones. Por tanto, no sólo ayuda a luchar contra el cambio climático, sino que, además, también reduce las consecuencias de los desastres naturales producidos por el fenómeno climático global.

Lucha contra la desertificación

Con la agricultura industrial tradicional la erosión del suelo puede superar el 50% de la superficie. Esta pérdida lleva a que regiones enteras se puedan convertir, con el paso de las décadas, en desiertos. Con técnicas agronómicas de conservación se puede conservar el terreno y frenar la desertificación.

Los restos vegetales de las cosechas son un medio natural para la protección del suelo. Siempre adaptando ésta y otras técnicas a las condiciones locales de cada región y al propio cultivo.

Las prácticas agrarias sostenibles que promueve la agricultura de conservación son más necesarias que nunca, ya que consiguen producir más alimentos con menos y ayudar a la vertebración del territorio rural.

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