La lucha de mujeres ecuatorianas por el agua


En muchos lugares de Latinoamérica las mujeres aún están relegadas a cuidar del hogar. La vida pública está prácticamente vetada para ellas. Los hombres no dejan salir a sus mujeres y no pueden participar en las reuniones públicas. No participan en la política de la comunidad a la que pertenecen. Se ocupan de criar a los niños, de cuidar a los animales y el campo, y de proveer de comida a la familia.

Pero en algunas ciudades y pequeños pueblos, algunas mujeres están formando sus propios grupos: ya que no pueden reunirse con los hombres para participar en la política tradicional, ellas mismas organizan sus propias reuniones y toman decisiones. Seguramente, decisiones más prácticas para el día a día que las que toman los hombres. En los andes ecuatorianos, uno de estos grupos, que comenzó con 38 mujeres, se ha convertido en una organización que ha sido reconocida por su trabajo medioambiental.

Ahora, son alrededor de doscientas las mujeres implicadas en el grupo y varias ONG les ayudan con formación y asesoramiento técnico. Todo empezó en 2003,. Entonces ya se dieron cuenta de que el entorno estaba cambiando. Uno de los mayores problemas era la falta de agua.

Los recursos acuíferos en los Andes dependen del páramo, un ecosistema de la alta montaña que es un tipo de pradera que absorbe el agua de los ríos y la lluvia para luego liberarla gradualmente. Algunas organizaciones señalan que el 30% del páramo ecuatoriano ha sido destruido en los últimos años.

Tradicionalmente, se ha usado el páramo para que los animales pasten, cabras, llamas, vacas y cerdos que destrozaban la pradera. En esta región, si no hay páramo, tampoco hay agua. Hablamos de Apahua, al sur de la capital, Quito, a una latitud de unos 4.000 metros por encima del nivel del mar.

Muchos hombres emigraron, así que han sido las mujeres las que han hecho frente al problema de la escasez de agua. Las mujeres de Apahua pusieron en marcha un plan para recuperar los cultivos autóctonos. Cultivan treinta tipos distintos de patatas, así como diversas especies de habas y verduras.

Después de unos años, se ha aumentado la productividad de los terrenos a un coste muy bajo. Antes se usaban productos químicos y ahora se emplea estiércol de cobaya. Es un abono que pueden elaborar ellas mismas.

En diciembre de 2009, una representante de este grupo voló a Copenhague para participar en las negociaciones del cima de Naciones Unidas. Las mujeres quieren estar preparadas para hacer frente al cambio del clima. Pero no sólo eso. La violencia por parte de los hombres está disminuyendo.

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