Se sigue investigando a pie el hielo del Ártico

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Las región Ártica sigue siendo estudiada detenidamente para comprender y enfocar el problema del cambio climático. Si se estudia el océano Ártico es precisamente porque es uno de los mejores barómetros del cambio climático, un lugar donde se evidencian más que en ningún otro sitio los grandes cambios que están ocurriendo hoy en día, según ha señalado Simon Boxall, del Centro Nacional de Oceanografía (NOC) de la Universidad británica de Southampton.

Este año 2011 se pondrá en marcha una expedición con científicos y exploradores que tendrá como objetivo saber cómo y a qué velocidad se derrite el hielo del océano Ártico. Es bastante probable que, en verano, el hielo se esté derritiendo aún más rápido de lo que se creía hasta ahora.

El objetivo de la investigación es recabar datos que ayuden a mejorar las predicciones futuras para la región, pero también para otras zonas afectadas por el clima ártico, principalmente el flujo de agua cálida del Atlántico Norte, que es conocida como la Corriente del Golfo, una corriente de agua que afecta al clima de gran parte del mundo.

La alteración de la Corriente del Golfo podría provocar un clima más frío en algunas zonas de Europa occidental. Así que no se trata sólo de salvar al oso polar, conservando su hábitat natural, sino de la propia supervivencia del ser humano en zonas como el norte de Europa y de Estados Unidos, Canadá o Rusia.

Será a principios de marzo cuando cuatro exploradores emprenderán la expedición que partirá desde el Polo Norte con el objetivo de llegar hasta Groenlandia en diez semanas. Se realizarán paradas para perforar agujeros en el hielo y para medir la temperatura, la salinidad y el flujo del agua. De este modo, los científicos podrán calcular la velocidad a la que está cambiando la temperatura del agua, así como la disminución del grosor de la capa de hielo.

Esta expedición a pie completará los datos obtenidos de los satélites espaciales de observación de la Tierra. Los hallazgos del estudio podrían resultar cruciales para proyectar el futuro del hielo marino en el Ártico, así como mejorar los pronósticos sobre el clima de Europa occidental.

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