Comienzan a enterrar CO2 bajo tierras leonesas


El plan europeo para reducir drásticamente las emisiones de los gases de efecto invernadero cuenta con proyectos polémicos. Además de impulsar las energías limpias, de tratar de reducir la contaminación en las grandes ciudades o de ampliar las zonas verdes para que absorban carbono, se ha puesto en marcha un plan para enterrar dióxido de carbono bajo tierra.

Esta tecnología, que logra capturar y almacenar CO2 bajo tierra, ha sido muy criticada por los grupos ecologistas y socialistas en el Parlamento Europeo. La idea es recoger el gas que sale por las chimeneas de las centrales térmicas para, posteriormente, inyectarlo en subsuelos previamente elegidos. Uno de estos centros pioneros ha comenzado a funcionar en la provincia española de León.

El director del programa de captura de CO2, Vicente Cortés, ha señalado que esta tecnología es la única forma que hay para mantener la explotación del carbón sin perjudicar el objetivo de reducción de emisiones de la Unión Europea. En otras palabras, o se acepta este nuevo sistema o se cierran las minas y centrales de carbón, con el despido de trabajadores que supondría.

El proyecto depende del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), y se desarrolla a través de la Fundación Ciudad de la Energía. En realidad, tanto el equipo como el proyecto se han convertido en un referente mundial para el sector y muchas empresas energéticas de todo el mundo están interesadas en el sistema y siguen de cerca sus resultados.

Al quemar carbón para generar electricidad, se producen varios gases contaminantes, pero el nuevo sistema ha conseguido separar el dióxido de carbono del resto y capturarlo. En un proceso distinto, hay que transportar ese CO2 a otro lugar sin riesgos y, por último, enterrarlo a una profundidad suficiente y en unas condiciones que no permitan que el gas vuelva a la superficie. Para ello, hay que encontrar terrenos óptimos inyectar el gas en el suelo, así como desarrollar tecnologías de detección de fugas.

Según los cálculos de los responsables de este proyecto, la captura y almacenamiento de CO2 puede ser una realidad en grandes explotaciones industriales en 2015.

Diversos grupos ecologistas han criticado la medida. Para ellos, la verdadera solución son las energías renovables y no se debería destinar dinero público a otro tipo de proyectos como éste de enterrar CO2. Además, existe una contradicción política por parte de Europa: se subvenciona la extracción y la quema de carbón, con lo que se contribuye a que se emitan gases contaminantes, y al mismo tiempo se subvenciona el desarrollo de procesos que eliminan esos gases contaminantes. Muy lógico no parece, la verdad.

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