El satélite Glory ayudará a conocer mejor los aerosoles

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Tanto Europa como Estados Unidos creen que combatir o, al menos, medir, el cambio climático desde el espacio es una buena idea. Si hace unos meses los europeos lanzaban al espacio el satélite Cryosat-2 con el objetivo de medir el espesor de la capa de hielo del Ártico, ahora son los estadounidenses los que han anunciado que lanzarán en febrero el satélite Glory, con la misión de medir con mayor precisión algunos de los gases que causan el cambio climático.

Este nuevo satélite puesto en órbita por la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) tiene dos instrumentos que proporcionarán a los climatólogos nuevos datos para mejorar la precisión de los modelos climáticos.

Uno de ellos, el sensor polimétrico de aerosoles (APS), un instrumento científico que estará dirigido hacia la Tierra, recogerá información sobre pequeñas partículas, llamadas aerosoles, que pueden afectar al clima mediante la absorción y dispersión de la luz. El otro aparato es un monitor de irradiancia total (TIM), que se ubicará en el otro lado del satélite, de espaldas a la Tierra y de cara al astro rey, y que medirá la intensidad de la radiación solar en la parte superior de la atmósfera terrestre.

El objetivo primordial de este proyecto es conocer más y mejor el papel que desempeñan los aerosoles y la variabilidad solar en los cambios climáticos en el largo plazo. Se trata de conseguir un cálculo más exacto de la cantidad de energía que entra y sale de la atmósfera terrestre.

No está muy claro cuánto afectan los aerosoles al efecto invernadero y los científicos quieren precisar este dato. Pese a su nombre, no hay que pensar sólo en un bote de laca. Son gases que pueden provenir de los tubos de escape de los vehículos y de los vientos del desierto, de la espuma del mar y del fuego, de erupciones volcánicas y de fábricas.

También se trata de detectar las diferencias entre los diferentes tipos de aerosoles. Mediante el control de la distribución de forma y tamaño de los aerosoles, así como la forma en que las partículas reflejan la luz, los científicos pueden ser capaces de precisar qué tipo de aerosoles produce el hombre y, posteriormente, si es el caso, evitar su producción y emisión a la atmósfera, como ya ocurrió con los clorofluorocarbonos o CFC que estaban destruyendo la capa de ozono.

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