Las actividades humanas emiten mucho más CO2 que los volcanes


Las erupciones volcánicas son espectaculares y destructivas, arrojan a la atmósfera y a la tierra cantidades ingentes de lava, cenizas y sustancias como dióxido de carbono. Así que, aparte de todo el daño que causan al medio ambiente, especialmente si se produce una lluvia de ceniza como la que ocurrió en la última erupción en el Cordón Caulle, una erupción volcánica contribuye al calentamiento global del planeta.

Sin embargo, a pesar de lo espectacular del proceso, las emisiones de CO2 en una erupción volcánica son mucho menores que las que produce el ser humano. El ser humano libera 135 veces más dióxido de carbono al año que lo que lo hacen los volcanes. Es decir, que los humanos emitimos en menos de tres días la misma cantidad de CO2 que los volcanes liberan en todo un año.

Terrence Gerlach, vulcanólogo retirado, ha señalado que recibe mucha cartas de gente preocupada por las emisiones de gases de efecto invernadero que produce un volcán, cuando, comparadas por las que emite la actividad humana, son irrisorias. Ante esta duda tan general y una visión tan alejada de la realidad de la opinión pública, decidió calcular y comparar las estimaciones de las emisiones de CO2 de toda la actividad volcánica mundial (incluida la que se produce bajo el mar) con las estimaciones de las emisiones humanas. Ha publicado este estudio en Eos, una revista de la Asociación Geofísica Americana.

Los investigadores estiman las cantidades de dióxido de carbono liberado por las erupciones volcánicas terrestres mediante métodos que incluyen sensores remotos, la medición de las concentraciones de ciertos isótopos cerca de los volcanes submarinos y otros.

Mientras, los escépticos del cambio climático tratan de difundir la idea de que los volcanes emiten más CO2 que los humanos, pero sin dar ningún dato al respecto. Un buen ejemplo de ello se encuentra en un libro publicado en 2009 titulado El cielo y la Tierra: el calentamiento global, la que se olvida la ciencia, escrito por Ian Plimer, de la Universidad de Adelaida.

El mito persiste, según Gerlach, por la espectacularidad de las imágenes que se ven en los medios de comunicación cuando un volcán hace erupción. Pero, en realidad, duran horas, mientras que las fuentes de CO2 de origen humano (chimeneas, tubos de escape, etc.), tal vez sean poco espectaculares, pero están en todas partes y nunca paran. Son implacables. Emiten dióxido de carbono las 24 horas del día, los siete días de la semana.

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