Abocados al desastre


El planeta está muy lejos de alcanzar los objetivos de mitigación del cambio climático fijados por Naciones Unidas. En otras palabras, más vale que todos nos preparemos para desastres mayores porque, de momento, no se ha modificado el actual escenario.

Los científicos que apoyan la adopción de medidas contra el calentamiento global han señalado que, en China, el país que más emite dióxido de carbono, gas responsable del aumento de la temperatura en la Tierra, las emisiones están creciendo más rápido de lo esperado. La Cumbre de Copenhague, organizada por Naciones Unidas en 2009, acordó limitar el calentamiento global a un aumento de 2º C respecto a los niveles de la época preindustrial, un objetivo que para algunos ambientalistas es poco ambicioso. Pero es que ni siquiera ese mínimo objetivo se está cumpliendo.

Los expertos sobre cambio climático están detectando una diferencia abismal entre los objetivos prometidos por los Gobiernos y los resultados reales. Bueno, a estas alturas no creo que nadie se sorprenda de que las promesas de los políticos no valen nada.

Un estudio realizado por un grupo de expertos señala que, de continuar los niveles actuales de emisión de gases de efecto invernadero, hacia 2020 se estarían emitiendo unas 54 millones de toneladas de dióxido de carbono, esto es, entre 10 y 14 millones de toneladas más que el objetivo fijado.

Es decir, que nos acercamos hacia un calentamiento de más de 3º C, a no ser que haya avances importantes, unos avances que hace años que se piden pero que no se llevan a cabo. ¿Por qué iba a cambiar la situación ahora? ¿Algo nos puede hacer pensar con algo más de optimismo? ¿Han cambiado los políticos? ¿O la percepción del problema de la mayoría de la sociedad? ¿La gente está cambiando sus hábitos tanto como debiera?

Incluso ese esperado aumento ende 2º C será problemático, pues habrá más y peores incendios y aumentará el nivel del mar. Se van a producir severos daños a ecosistemas vulnerables en todo el planeta. Pero lo peor de todo será que la producción y disponibilidad de alimentos se van a ver amenazadas, especialmente en África, si las prácticas agrícolas actuales no cambian.

Los casos de China y EE UU

China está tomando medidas para ahorrar energía y cambiar su política energética hacia un mayor empleo de fuentes de energía renovable, en especial, la eólica y la solar. Esto es muy positivo. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) chinas son superiores a lo previsto por su rápido crecimiento económico.

En China y en el resto del mundo, la economía es lo único que importa. El medio ambiente (y cualquier otro asunto, en realidad) siempre se encuentra supeditado al crecimiento económico, a la salud financiera, a la generación de empleo. Hasta que ese punto de vista no cambie, el cambio climático seguirá aumentando. Hasta que la humanidad no se dé cuenta de que esta forma de vida no es sostenible, nada cambiará, por muchas buenas intenciones y muchas cumbres climáticas que se celebren.

En Estados Unidos, el presidente Barack Obama se ha comprometido a reducir las emisiones en un 17% respecto a los niveles de 2005, pero la oposición política, los republicanos, no apoyan la medida. Los intereses de las empresas petroleras y otras relacionadas están en juego. De hecho, llegan a cuestionar la evidencia científica de que el cambio climático efectivamente se está produciendo, la mejor forma de justificar que las reducciones en el uso los combustibles fósiles aumentarían la crisis economía estadounidense. De nuevo, la economía. Pero

la razón económica sólo beneficia a los de arriba. En cambio, la razón ambiental beneficia a todos.

Países emergentes

Los países emergentes son el último gran escollo a la hora de resolver la problemática climática. Brasil va a contribuir mucho más de lo esperado a la emisión de gases contaminantes. Ha prometido una reducción de entre un 36 y un 39% de las emisiones en comparación con un escenario en el que no se tome ninguna medida. Pero su economía crece sin freno. ¿Por qué iban a querer detener el progreso económico?

Según los últimos datos, sus emisiones de dióxido de carbono han aumentado, no sólo a causa del crecimiento económico, sino fundamentalmente por el avance de la deforestación. Un problema que no se puede justificar desde ningún punto de vista.

Se sigue debatiendo sobre un acuerdo mundial. El mayor obstáculo es el futuro del Protocolo de Kioto, que exige a los países desarrollados que reduzcan sus emisiones de dióxido de carbono. Las obligaciones impuestas terminan en 2012 y aún no hay un pacto para renovarlas.

Pero, con o sin acuerdo internacional, no queda más que ser muy pesimista. Hasta que la economía quede relegada a un segundo plano, no hay ninguna esperanza para el planeta.

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