Ballenas con cámaras para estudiar el deshielo del Ártico

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Ballenas artico
Cámaras en la piel de las ballenas han permitido a los científicos monitorizarlas con el doble fin de aprender más acerca de su comportamiento y forma de alimentación, así como sobre las consecuencias del deshielo en el Ártico.

El proyecto de la División Antártica de Australia (DAA) estudia así el impacto del retroceso de los glaciares debido al calentamiento climático, ayudándose de unas pequeñas cámaras en ballenas jorobadas del estrecho de Gerlache, -un canal que separa el archipiélago Palmer de la Península Antártica-, fijadas a modo de ventosas durante uno o dos días. Una vez en el agua, se recuperan para poder ser reutilizadas.

Impacto del cambio climático

El objetivo es entender el comportamiento alimenticio de los animales dentro de este entorno, en concreto observando su adaptación a cambios en la población de krill, su fuente de comida habitual.

Relacionar cualquier cambio en la población de krill como consecuencia del calentamiento global y la acidificación de las aguas con el comportamiento alimenticio de estos grandes cetáceos será clave para hacer pronósticos acerca de su resistencia a un hábitat afectado por el impacto del cambio climático.

La sobrepesca de krill es otra de las grandes amenazas que sufren los animales que dependen de esta fuente de alimento cada vez más escasa en ambos polos, entre otros los pingüinos Antártida.

Según Ari Friedlaender, especialista en cetáceos de la Universidad Estatal de Oregón, en Estados Unidos, estas investigaciones son fundamentales “para profundizar nuestro conocimiento del lugar donde se alimentan las ballenas, la frecuencia de sus comidas, donde ir y donde descansan”.

A partir de las conclusiones del estudio se va a” informar a los legisladores sobre los programas de protección necesarios para su conservación”, concluye el experto. Sobre todo, dentro de un contexto de deshielo progresivo. Recordemos que el Ártico se derrite de forma acelerada. Solo en los últimos 30 años hemos perdido tres cuartas partes de la capa de hielo flotante, nos recuerda Greenpeace.

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