Cómo funciona el sistema de compensación de emisiones de carbono


El sistema de compensación de emisión de carbono permite, no sólo a las empresas e instituciones públicas, sino también a personas a título individual, invertir en proyectos ambientales en cualquier parte del mundo con el objetivo de equilibrar su propia huellas de carbono.

Muchos de los proyectos puestos en marcha se realizan en países en desarrollo y, a veces, están diseñados para reducir las emisiones en el futuro. Esto tiene varios puntos positivos: se ayuda en esta lucha común a países que no tienen dinero para invertir en este tipo de proyectos y, en algunos casos, se promocionan y desarrollan las tecnologías que producen energía limpia. Pero también es verdad que, a veces, queda la duda de qué se ha hecho con ese dinero. Por ello, algunos expertos recomiendan compensar carbono en proyectos cercanos, visibles, por ejemplo, plantar árboles en la propia sede de la compañía o en un paraje cercano.

El método más fácil para compensar carbono es poner el proceso en marcha de una empresa especializada. Pongamos el caso de un ejecutivo que tiene que tomar un avión por un asunto de trabajo. En las web de estas empresas especializadas en compensar la huella de carbono se puede calcular cuánto dióxido de carbono emitirá el ejecutivo en ese viaje. Se paga la cantidad y la empresa invierte el dinero en un proyecto que ayude a reducir esas emisiones de CO2. Fácil y cómodo. Se ha conseguido un vuelo neutro en carbono. Si es un vuelo de ida y vuelta de Londres a San Francisco, compensar las emisiones de carbono puede suponer algo más de 20 euros. Para una gran compañía no parece demasiado.

¿Cuándo dinero supone eso? Entre 9 y 12 euros por cada tonelada de dióxido de carbono compensada. A este precio, se ha calculado que una familia británica, por ejemplo, debería pagar unos 50 euros si quiere neutralizar sus emisiones por el gas y la electricidad que consume durante un año. Sin embargo, los precios fluctúan mucho dependiendo de qué organismo fije el precio e, incluso, de los proyectos que se vayan a poner en marcha. El mercado de carbono no está regulado para todos igual.

Algunos productos ya incluyen en el precio la compensación de CO2. Sería como una especie de impuesto medioambiental. Al final, todo repercute económicamente en el consumidor.

Los críticos a este sistema piensan que será fácil que se corrompa, ya que hay dinero de por medio. Y, aún más fácil, que se pueda especular con el mercado de CO2, que funciona como una especie de Bolsa. En todo caso, antes de pensar en compensar, siempre será mejor tratar de no emitir. Siempre que sea posible, claro.

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