Ecoetiqueta que mide la huella de carbono del producto

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Todo ciudadano tiene su parte de responsabilidad en el cuidado del medio ambiente, todos tenemos que luchar juntos para afrontar el problema. Pero, para que la gente corriente pueda actuar con responsabilidad, hay que darle los instrumentos necesarios. Y uno esencial, sobre todo en lo que se refiere a su papel como consumidor, es ofrecerle información de lo que compra.

Muchas de las acciones que suponen un mayor respeto por la conservación del planeta dependen de un consumo responsable. Por ello, es importante que el consumidor sepa lo que está adquiriendo, que pueda elegir sin temor a equivocarse que compra alimentos ecológicos y sostenibles. En definitiva, el etiquetado de los productos es fundamental para el futuro del planeta.

En este sentido, un investigador de la Universidad de Santiago de Compostela (España) ha creado un nuevo sistema de etiquetado ecológico que ofrece información medioambiental indicando la huella de carbono que generan los bienes y servicios que adquiere el consumidor. La nueva ecoetiqueta mide el “ciclo de vida” del producto.

Se trata de una alternativa para dejar de modo eficiente y claro la información ambiental a empresas, consumidores y cualquier otra parte interesada. Este ecoetiquetado es una herramienta consolidada para informar a la sociedad sobre las cargas ambientales de los bienes que se consumen, para diferenciar los productos de empresas y organizaciones, y así, una herramienta que permite escoger los productos que contaminen menos. El poder del consumidor. Las empresas que no sean ambientalmente responsables, serán castigadas: no se comprarán sus productos y no serán un negocio rentable.

Para que el sistema funcione, por tanto, es indispensable un buen método de medición de la huella de carbono del producto y de la empresa que lo ofrece. Este nuevo sistema se denomina “Método compuesto de las cuentas contables (MC3)” y fue diseñado inicialmente por J. L. Doménech, un biólogo del departamento de medio ambiente del puerto de Gijón. Después, Carballo, de la USC, ha adaptado el método para evaluar la huella medioambiental de los bienes y servicios en todas las fases por las que pasa el producto hasta llegar al consumidor final.

Para comprobar su método ha tomado el ejemplo de una conserva de mejillón de Galicia y ha analizado la contaminación que se emite en las fases de su ciclo de vida. El resultado fue que se genera 10,7 toneladas de CO2 por tonelada de dicha conserva.

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