El sector papelero reduce sus emisiones un 42%


La industria papelera ha sido una de las más criticadas por parte de grupos ecologistas y de ciudadanos defensores de los bosques. Pero, ya lo hemos dicho alguna vez, todos consumimos papel. Además de talar árboles, hace años la producción de papel suponía también emitir dioxinas, compuestos que, en altas dosis, son potencialmente cancerígenos. Pero este problema ya está resuelto técnicamente y, en la actualidad, se usan otros compuestos que no suponen ningún peligro para la salud humana, como el cloro gas, el ozono y el peróxido de hidrógeno.

Pero el paso más importante de la industria en favor del medio ambiente es la producción del llamado papel ecológico. Este tipo de papel se caracteriza por elaborarse mediante un proceso de producción considerado como sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Algunos estándares fijan una serie de requisitos para que el papel sea considerado ecológico.

Las organizaciones certificadoras más importantes son el FSC (Forest Stewardship Council) y el PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification). El FSC lleva unos doce años en el mercado y fue promovido por asociaciones y ONG independientes como Greenpeace o WWF. El PEFC ha sido promovido por empresas, administraciones públicas y organizaciones académicas como el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales o el de Ingenieros de Montes de España. En cualquier caso, ambos garantizan que el papel que certifican proviene de bosques gestionados con criterios sostenibles.

Hay más certificados medioambientales de ámbito más local, como la Ecoetiqueta Europea, el Cisne Nórdico o el Ángel Azul.

En cuanto a la huella de carbono del sector papelero tiene una particularidad en su proceso de producción: el consumo de papel hace que se sigan plantando árboles, que son sumideros de CO2 pues lo fijan en la madera. Por tanto, en realidad, contribuye a la reducción de dióxido de carbono simplemente por su propio funcionamiento como industria.

Además, en muchos casos, usa energía procedente de una fuente renovable como es la biomasa para abastecer sus fábricas y a las comunidades más cercanas. Además, se han tomado otras medidas como establecer procesos de fabricación más eficaces, consumir productos locales, optimizar las rutas en el reparto de la mercancía, etc. Con estas medidas, el sector ha reducido un 42% las emisiones de CO2 desde 1990.

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