El descenso de las emisiones de CO2 por la crisis sanitaria no es suficiente para frenar el cambio climático

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Con el Estado de Alarma y las medidas puestas en marcha para tratar de evitar la propagación del coronavirus, se está produciendo un descenso de las emisiones de CO2. Es una caída relacionada con el confinamiento al haber menos movilidad de personas en sus coches o en transportes públicos, no viajar, registrarse una menor actividad económica… Una reducción de estas emisiones que, si bien es positiva, tiene un efecto más que limitado para frenar el cambio climático.

Las emisiones

Los primeros datos relativos al confinamiento por el Estado de Alarma reflejan una caída de la demanda eléctrica hasta los 4.344 gigawatios en la primera semana, cifra que supone un 7,1% menos en comparación con los siete días anteriores y un 7,2% menos en términos interanuales. Una menor demanda que se prevé que se traduzca una reducción de las emisiones de CO2 vinculadas con la electricidad.

La climatología del 15 al 22 de marzo, caracterizada por lluvias y viento, ha permitido también un mayor uso de las energías hidráulica y eólica. Se estima que el 48,4% de la generación de energía en España fue renovable, de manera que el 77,6% no emitió CO2.

Además, si se tiene en cuenta la caída de la demanda, el 73% de la generación estuvo libre de emisiones de CO2, porcentaje que es superior al 68% que se registró en la misma semana del año 2019.

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En cuanto a la cogeneración de plantas industriales, fue del 13% con un 10,68% menos de emisiones en términos interanuales, de acuerdo con los datos relativos a la primera semana de confinamiento.

Insuficiencia

Sin embargo, esta reducción de las emisiones de CO2 no es suficiente para mitigar el cambio climático, sobre todo, porque es una caída relacionada con el paro de la actividad y la limitación de movimientos.

Y, aunque no se dispone todavía de datos concluyentes, sí se observan otros indicadores más positivos como la mejora de la calidad del aire por la menor contaminación al caer los niveles de dióxido de nitrógeno.

Un descenso que se debe al menor tráfico rodado y que sobre todo se ha dejado sentir en ciudades como Madrid o Barcelona con una merma de la circulación de vehículos de alrededor del 60%.

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