España sólo compensa un 30% de sus emisiones


Cada vez más empresas compensan sus emisiones de carbono financiando proyectos que ayudan a combatir el cambio climático. Según el informe State of the Voluntary Carbon Markets 2011, elaborado por Ecosystem Marketplace y Bloomberg, en 2010, el volumen de transacciones en los mercados voluntarios de carbono alcanzó los 131 millones de toneladas de CO2, lo que supone un valor de 424 millones de dólares (unos 337 millones de euros). Esta cifra supone un aumento del 34% respecto a los 98 millones intercambiados en 2009.

En España, la compensación de emisiones se está configurando como un instrumento más en materia de reducción de emisiones de CO2. Estos mecanismos, según se refleja en la encuesta, con conocidos por el 80% de los encuestados españoles. Sin embargo, sólo un 30% de los encuestados afirma haber compensado emisiones.

¿Por qué las empresas, organismos e, incluso, ciudadanos a título individual, no compensan sus emisiones? Las principales razones, según el citado estudio, son las siguientes:

    – Preferencia por llevar a cabo acciones de reducción de emisiones (80%) como objetivo prioritario para frenar el cambio climático.
    – El alto precio de la tonelada de CO2 (12%).
    – La falta de seguridad (8%).

El informe La compensación de emisiones en España 2012, por su parte, revela que, entre las compañías españolas que han compensado emisiones, se opta por hacerlo a través de los mecanismos flexibles del Protocolo de Kioto, es decir, con créditos CER y ERU, y así lo manifiesta un 50% de los encuestados. El importe pagado por cada tonelada de CO2 compensada se sitúa en una franja entre 5 y 15 euros, con un precio medio de 10,50 euros.

El informe recoge que, en caso de invertir en proyectos de compensación de emisiones, un 34% de las organizaciones españolas lo haría a través de iniciativas relacionadas con las energías renovables, mientras que otro 22% lo haría de los relacionados con los usos del suelo para proyectos forestales.

Quién, dónde y cómo

La tendencia es mundial. La mayor parte de los proyectos de compensación de emisiones de CO2 fueron encaminados a iniciativas relacionadas con la reducción de las emisiones en el uso del suelo. Así, las iniciativas REED de deforestación evitada supusieron el 29%, seguidas por las de reducción de emisiones de metano en vertederos (16%) y las de energía eólica (11%). También se pueden destacar las iniciativas de aforestación (plantar árboles donde históricamente no había) o reforestación (6%), de energía hidráulica (6%), de ODS (reducción de gases que destruyen la capa de ozono) (6%) y de gestión forestal eficiente (5%).

Las reducciones de emisiones deben ser efectivas y estar garantizadas por algún tipo de estándar internacional de reconocida solvencia, como el Gold Standard, el Voluntary Carbon Standard (VCS) y los Mecanismos Flexibles del Protocolo de Kioto (CER y ERU). La clave no debe ser la organización que provee las reducciones, sino la solvencia de todo el proceso subyacente: revisión efectiva del proyecto, creación del activo y registro.

En el estudio se analizan las cincuenta acciones de compensación de emisiones consideradas como las más relevantes en España para clasificarlas según la calidad de la compensación y mostrar así la realidad de los mercados voluntarios en el país. Para ello, se han tomado en cuenta cuatro variables: el alcance de las emisiones compensadas, que va desde la huella de carbono (el caso más óptimo) hasta la compensación de un evento, jornada, publicación o similares; el tipo de certificado que han obtenido (diferenciando entre estándares de reconocida calidad y otros que ofrecen menos garantías), el país en el que se ubica el proyecto y el tipo de sector.

En términos generales, la mayor parte de la compensación de emisiones realizada en España cumple con
unos criterios de calidad suficiente. En cuanto a las que no superarían el aprobado, destaca la alta
presencia de proyectos forestales desarrollados en España. En estos casos existe el problema de “doble contabilidad” así como, en ocasiones, una falta de certeza sobre la permanencia de carbono.

Por sectores, destaca especialmente la alta presencia del bancario. También aparecen compañías relacionadas con la moda y la aviación (sector que desde enero de este año forma parte del Comercio Europeo de Derechos de Emisión).

Respecto al lugar en el que se lleva a cabo el proyecto, se ha diferenciado entre países industrializados o no (en vías de desarrollo). Es conveniente reducir en países no industrializados, ya que no tienen límite a sus emisiones y, por tanto, no hay riesgo de doble contabilidad. El 74% de las
reducciones se llevan a cabo en países no industrializados, por lo que se entiende que, en este sentido, las compensaciones que se están realizando son óptimas.

Aunque, lo importante, más que el lugar, es que aumente la cantidad de proyectos llevados a cabo. El problema es global y la solución también.

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