Los pingüinos de la Antártida también tienen mercurio

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La Antártida sigue sumando amenazas. A todos los problemas del deshielo, se suman los relacionados con la contaminación y sus efectos que están introduciendo cambios y alteraciones en los ecosistemas y en sus especies. Es el caso de los pingüinos en los que se ha detectado la presencia de mercurio en sus plumas. Un revés más para estas especies en las que ya se halló micropláticos en sus heces.

El problema

Un equipo de investigadores españoles ha detectado que las plumas de los pingüinos presentan altas concentraciones de mercurio. Este nivel, de momento, no se considera que sea tóxico, aunque sí es ya preocupante. Además es una nueva alerta sobre estas especies y que se suma a los plásticos y otros contaminantes que comienzan a estas omnipresentes en estos ecosistemas.

Las regiones polares han sido identificadas como sumideros potenciales de mercurio proveniente de fuentes naturales y antropogénicas. Y, según el estudio, los cambios en la cobertura de hielo que están ocurriendo en la Antártida en la actualidad podrían acentuar estos fenómenos y sus impactos en la biota local.

Los investigadores explican que las aves marinas son especialmente sensibles al mercurio, que es altamente tóxico y tiene una gran capacidad para acumularse a lo largo de la cadena alimentaria, exhibiendo concentraciones mayores al ascender el nivel trófico. Además, las plumas de las aves son muy útiles para la monitorización del mercurio, puesto que acumulan principalmente la forma más tóxica y persistente: el metil-Hg.

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Análisis y resultados

Los investigadores recolectaron en siete lugares diferentes de la Antártida las plumas de tres especies, que se corresponden con el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae), el pingüino barbijo (Pygoscelis antarcticus) y el pingüino papúa (Pygoscelis papua).

Los resultados extraídos del análisis de las plumas pusieron de manifiesto que más del 93% de las muestras registró niveles detectables de mercurio. Los niveles más altos se detectaron en las plumas de pingüinos de barbijo en la isla Rey Jorge.

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