Lucha climática en las aulas de Estados Unidos


Estados Unidos es, seguramente, el país donde la batalla de los escépticos del cambio climático (o de su origen antropogénico, al menos) contra la ciencia y los expertos que estudian el clima es más patente. En general, este debate se produce entre políticos y en los medios de comunicación, pero, claro, finalmente repercute incluso en escuelas y universidades.

Así, dentro de las aulas estadounidenses se está librando una pequeña pero importante batalla contra el cambio climático. Y, en una guerra así, no hay batalla pequeña. Se dirime si enseñar o no qué es y por qué se produce el cambio climático en la clase de ciencias. Puede parecer algo que carece de importancias, pero una población bien educada es una población que no se dejará engañar fácilmente por el poder.

Pero la batalla va más allá de la opinión que tenga cada uno o de los hechos que constantemente ofrecen los científicos para probar que el cambio climático es un hecho. En realidad, es un ataque a la educación científica y, en general, a la ciencia, según ha denunciado el Centro Nacional para la Educación Científica (NCSE, por sus siglas en inglés).

Este NCSE es una asociación sin ánimo de lucro, compuesta por científicos y profesores, que defiende la enseñanza de la Teoría de la Evolución en los colegios estadounidenses. Sí, algunos ciudadanos de Estados Unidos aún creen que la Teoría de la Evolución es un invento del diablo. Como el cambio climático.

Los negacionistas del cambio climático ignoran pruebas reunidas durante los últimos cincuenta años y sabotean una educación rigurosa con ideas marginales, pseudociencia y mentiras absolutas, como ha advertido el NCSE.

De hecho, en estados como Texas, Luisiana, Dakota del Sur, Utah, Tennessee y Oklahoma, el negacionismo del cambio climático se enseña como asignatura alternativa científica válida a la teoría del calentamiento global. Algo así como enseñar religión o educación para la ciudadanía.

El NSCE denuncia que, en algunos colegios, los alumnos se levantan en las clases y dicen a sus maestros que sus padres piensan que el cambio climático es una falacia. También denuncian que algunos docentes reciben presiones para no hablar del calentamiento en clase o que prefieren no tocar el tema para evitar la polémica. Me recuerda a un episodio de los Simpsons. Por desgracia, una vez más, la realidad supera a la ficción.

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