Brotes de la enfermedad de lengua azul y cambio climático

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Desde 1998, se están incrementando en Europa los brotes de enfermedades en el ganado como la enfermedad de lengua azul. Según una investigación, el cambio climático puede repercutir en este fenómeno. La fiebre catarral ovina (BT) es una enfermedad viral de los rumiantes (tanto ovejas como vacas) que propaga un tipo de mosca. Hace tiempo que vive en África, Asia, Australia, América del Sur y América del Norte, pero no era común ver a este insecto en Europa.

En 1998 comenzaron una serie de brotes sin precedentes, provocando la muerte de millones de animales y graves repercusiones económicas. Algunos científicos creen que el cambio que se está produciendo en el clima puede ser, en parte, responsable. Por otra parte, es un caso especialmente adecuado para que los científicos estudien modelos para describir cómo el cambio climático influirá en las enfermedades en el futuro.

El estudio ha sido apoyado por el proyecto europeo CIRCE y trata de explicar y de evaluar los efectos producidos en el pasado y la posible aparición de nuevos brotes de BT en el futuro a causa del cambio climático. La correspondencia entre los registros de los modelos y los datos históricos sugieren que el clima estaba influyendo en el aumento de los brotes.

Se han analizado tanto la temperatura como la lluvia caída en los periodos y zonas donde se produjeron dichos brotes. Los modelos de futuro se han elaborado a partir de simulaciones de un modo similar.

La hipótesis también es válida para otro brote de BT que apareció en 2006 en el noroeste de Europa. Se ha descubierto, así mismo, que hay diferentes factores para la propagación de esta enfermedad: en el noroeste de Europa, la temperatura es un factor determinante para que se propague la enfermedad, mientras que en el suroeste del continente la situación es más compleja, pues, si las precipitaciones son bajas, el aumento de la temperatura provocará una disminución en el riesgo de brotes de BT, mientras que si aumentan las lluvias, las temperaturas más altas llevan a un aumento en el riesgo de enfermedad.

La investigación también trata de cuantificar los efectos si, en el futuro, cambia el clima. Los resultados sugieren que, en 2050, el número de casos secundarios derivados de la introducción de un animal infectado se incrementará en un 30% en el noroeste de Europa y un 10% en el suroeste de Europa.

Los investigadores han reconocido que faltan datos sobre las especies que propagan la enfermedad, como el tipo de moscas o mosquitos, el tipo de mordida, el período de incubación o la tasa de mortalidad. Pero se puede destacar que este estudio puede servir de base para la investigación de otras enfermedades y su relación con el cambio climático.

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