Conservación del ecosistema andino


Las montañas presentan marcadas variaciones ambientales. A más altitud, menos temperatura: de media, la temperatura disminuye 3 °C cada quinientos metros de altura. Por esta razón, en un sistema montañoso hay diversas zonas climáticas, así como diferentes tipos de vegetación y fauna en las diferentes altitudes. Una gran biodiversidad.

Por otra parte, a medida que se asciende por la montaña, se registran cambios como una disminución del área y variedad de hábitats, así como un mayor aislamiento entre los distintos valles. Dentro del Programa de investigaciones de biodiversidad de tierras áridas, se aprecia la diversidad de pequeños mamíferos a lo largo de los diferentes ecosistemas de los Andes Áridos Centrales, desde el sur de Perú hasta el centro de Argentina.

Si se tiene en cuenta esta escala geográfica regional, aproximadamente la mitad de las especies son endémicas, es decir, exclusivas de las tierras áridas de los Andes Centrales. Por tanto, es imperativo proteger estas especies.

Las especies que habitan el ecosistema andino presentan adaptaciones fisiológicas que les permiten vivir en unas determinadas condiciones climáticas, ya que sólo algunas especies son capaces de aguantar climas tan fríos y áridos.

En relación con el cambio climático, se pronostican aumentos de temperatura y una marcada disminución en las precipitaciones en los Andes, lo que podría afectar negativamente a aquellas especies adaptadas a climas fríos de alta montaña con distribución restringida.

Por otro lado, esos mismos cambios climáticos pueden favorecer a otras especies, las de zonas más bajas, que colonizarán hábitats a mayor altura.

Pero, dado que, a medida que aumenta la altura, disminuye el tamaño del área, el aumento en la temperatura conduciría a una reducción de hábitats favorables para las especies endémicas. Tendrían que subir la montaña y las zonas apropiadas para vivir serán mucho menores. La probabilidad de extinción de las especies está condicionada por la posibilidad que tengan para migrar a hábitats favorables.

En definitiva, los ecosistemas de montaña, y los Andes en particular, son verdaderos laboratorios de evolución de la fauna y requieren de políticas decididas en conservación y manejo a los fines para asegurar la continuidad de su biodiversidad, funciones y servicios.

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