El cambio climático impide que los reptiles regulen su temperatura

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Un nuevo estudio ha puesto de manifiesto que el efecto del cambio climático en los animales va más allá del cambio en su ecosistema, la modificación de sus patrones de reproducción y posible extinción. Ahora se ha constatado que los animales ectotermos como reptiles, anfibios y peces tienen problemas para regular su temperatura.

El impacto

Los animales ectotermos se caracterizan por no controlar activamente su temperatura interna por lo que la regulan con la del entorno. Un proceso que se está viendo afectado por el cambio climático a raíz del aumento de las temperaturas.

Este incremento de las temperaturas está haciendo que estos animales experimenten un aumento de su temperatura corporal, lo que conllevará consecuencias. Algunas de ellas ya se han constatado a través de varios estudios en los que se reflejan alteraciones relacionadas con los cambios ambientales.

Estas investigaciones han puesto de manifiesto que las tasas de crecimiento son ya más rápidas cuando las temperaturas son más altas. Además, estos animales sufren más estrés térmico con fenómenos extremos como las olas de calor.

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Estas olas ponen fuera de sus preferencias térmicas a este tipo de animales, que pueden alcanzar sus límites a la tolerancia a la temperatura. De este modo, cuanto más largas y frecuentes son las olas de calor, mayor es su impacto en la fisiología de este grupo animal.

Más vejez

Las afecciones sobre la temperatura no son las únicas. El estudio realizado en el seno del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad de la Universidad de Oviedo refleja a su vez otros efectos como un impacto del cambio climático en la tasas de envejecimiento.

El estudio indica que las tasas de crecimiento más altas producirán desequilibrios fisiológicos en estos animales. Entre ellos, por ejemplo, está el daño oxidativo a las proteínas y al ADN, llegando incluso a afectar a los telómeros. Estos son los que proporcionan estabilidad y protegen las secuencias codificantes de la pérdida al final del cromosoma, pudiendo acortarse o perderse una vez la célula se divide.

Así, cuanto más rápido se divide una célula, más altos son los niveles de estrés oxidativo. Y, a mayor pérdida de telómeros, más se degradan las células y el organismo envejece.

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