La huella de carbono del comercio internacional

Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0


Reducir la huella de carbono es esencial para combatir las consecuencias negativas del cambio climático. Hasta aquí, todo bien. El problema se presenta cuando se intenta calcular esta huella de carbono. Es relativamente fácil calcular las emisiones de una persona en su vida diaria. De hecho, hay aplicaciones en Internet que permiten hacerlo cómodamente desde casa.

En el caso de las empresas, el cálculo de la huella de carbono se complica, pero ya hay varias empresas que, no sólo realizan el cálculo, sino que también asesoran y facilitan la inversión en proyectos que compensen sus emisiones contaminantes. Se puede calcular, así mismo, de manera bastante aproximada, la huella de carbono de una región o de un país. Pero aún se complica más el cálculo si lo que se quiere es saber cuántas emisiones produce el comercio internacional.

El cálculo de la huella de carbono del comercio internacional, importaciones y exportaciones, es difícil de calcular, pero la organización Carbon Trust trabaja para ello. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que no es lo mismo el comercio de materias primas que el comercio de bienes ya manufacturados. Los análisis de Carbon Trust, después de años de trabajo, arrojan alguna sorpresa.

Por ejemplo, la media de la huella de carbono de cada ciudadano japonés sólo teniendo en cuenta las prendas de vestir que usa es de 260 kilogramos de CO2 equivalente por año, lo que supone el doble de emisiones que las de un ciudadano europeo. A los japoneses les encanta ser los más fashion y eso tiene un terrible coste medioambiental.

Las conclusiones que se pueden sacar de estos estudios sobre la huella de carbono en el comercio internacional no son una sorpresa, pero no está de más señalarlas una vez más: hay que adquirir bienes que duren todo lo posible (ropa, productos electrónicos, etc.) y, si es posible, que se hayan fabricado cerca. Que un europeo compre ropa importada de Japón (o viceversa) es muy contaminante. Lo más ecológico sigue siendo que la abuela te hagan un jersey de lana. Y tampoco hace falta renovar el armario de la ropa cada temporada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *