Putin asegura que Rusia quiere proteger el Ártico

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El presidente ruso, Vladímir Putin, ha asegurado que Rusia incrementará su actividad económica y militar en el Ártico, aunque, al mismo tiempo, velará por la seguridad ecológica de la región. ¿Es eso posible? La única forma de proteger una región tan vulnerable como el Ártico es que el ser humano la pise lo menos posible.

Putin se reunió con los miembros de una expedición ecologista que, por iniciativa suya, trabajará desde agosto hasta octubre en la Tierra de Francisco José, en el Océano Glacial Ártico. Putin destacó que esa expedición confirma la creciente actividad en el Ártico por parte de Rusia. Añadió que el objetivo es llevar a cabo proyectos en muchos ámbitos, desarrollando nuevos yacimientos, construyendo puertos, carreteras, puentes y otras infraestructuras y, también, reforzando el sector militar. ¿Acaso hay alguien que puede creer que todas esas actividades son compatibles con la preservación del Ártico?

Putin siguió con su discurso hipócrita. Aseguró que iba a “buscar un equilibrio entre el desarrollo económico y militar y la preservación de la naturaleza”. Rusia actuará en el Ártico con cuidado y sin escatimar recursos en la seguridad medioambiental, fue su poco creíble promesa.

La expedición a la Tierra de Francisco José es parte de un programa de limpieza del Ártico que, en 2010, Putin, por aquel entonces primer ministro de Rusia, proclamó en la primera edición del foro internacional “Ártico, territorio del diálogo”. El principal objetivo de la expedición es limpiar el archipiélago de casi 8.000 toneladas de residuos que se fueron acumulando allí entre 1930 y 1990. Los organizadores planean reciclar en unas islas talleres creadas para el efecto barriles de combustible, chatarra y otros residuos para, después, trasladar todos esos desechos al continente.

El Ártico tiene bases navales y pasan rutas de aviación. Debido al deshielo provocado por el calentamiento global, será más fácil viajar por barco. Eso supone un mayor riesgo de vertidos de hidrocarburos, entre otras agresiones al frágil ecosistema. Rusia y otros países como Noruega o Canadá, toman posiciones ante la nueva situación. ¡Que no nos engañen: así no se protege el Ártico!

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