Se sigue ignorando el coste económico del calentamiento global

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En 2005, se encargó al economista Nicholas Stern un informe sobre cómo iba a influir el cambio climático en la economía y qué medidas habría que tomar para mitigar este impacto negativo en la economía. Y así, el 30 de octubre de 2006 se publicó el ya famoso Informe Stern. En resumen, este informe aconsejaba que tener en cuenta el cambio climático era la mejor opción desde un punto de vista económico. Es decir, que se conseguirían beneficios económicos si se tomaban medidas para combatir el fenómeno global.

El coste económico del cambio climático salió a la luz pública y para muchas empresas es la mejor razón para combatirlo. Sin embargo, cinco años después de la publicación del informe, su autor señala que se tenía que haber hecho aún más. Los gobiernos y las empresas no son conscientes de lo que se juegan, por lo que Stern ha afirmado que

los riesgos asociados con el calentamiento son mucho mayores que en 2006.

En la actualidad se producen más emisiones que hace cinco años (cuando no estaba tan claro el coste económico, aunque sí el medioambiental) y hay más bosques y ecosistemas deteriorados. Nicholas Stern ha pasado por Madrid para recibir el Premio Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático de la Fundación BBVA y ha aprovechado para realizar estas declaraciones, la enésima llamada de atención a los responsables políticos y empresariales del mundo. Según su informe, actuar contra el calentamiento del planeta costaría un 1% del PIB mundial, mientras que, de no hacer nada, los gastos llegarían al 20% del PIB mundial. Está claro que pocos le escucharon. Y ahora todos lo tenemos que pagar. Económica y medioambientalmente.

Lógicamente, la situación ha empeorado, según este experto en economía y cambio climático. En la actualidad, el coste de no actuar es mayor (y, además, más preocupante). En cambio, el coste de hacer algo al respecto, es incluso menor al que se había calculado. En otras palabras, sale a cuenta, es rentable, actuar contra el calentamiento global.

Para el famoso economista, la revolución verde debe ser “una nueva revolución industrial y energética” que se adapte a los efectos del cambio climático, desarrollando las energías renovables y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por último, Stern no está del todo en contra de la energía nuclear, siempre que sea una fuente de energía minoritaria. China planea construir hasta doscientas centrales en los próximos treinta años, pero no será la energía mayoritaria en el país.

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