Australia planea un moderno tren de alta velocidad

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Australia es uno de los países que más carbón emite. Que más contribuye al cambio climático, por tanto. El Gobierno australiano está tratando de convencer a sus ciudadanos de que es necesario un impuesto sobre el carbón para reducir las emisiones, pero la gente está en contra ya que piensa que repercutirá en su poder adquisitivo.

La compañía de diseño ecológico Hassell piensa que hay otra manera de reducir (nada nuevo, por otra parte) las emisiones de dióxido de carbono y mitigar así los efectos negativo del cambio climático. Se trata de un nuevo tren eléctrico de alta velocidad llamado A-HSV (Australian High Speed Vehicle, Vehículo de Alta Velocidad Australiano) y que pasará por todos ciudades importantes del país.

Los vagones de este moderno tren tendrán dos pisos, espacios amplios y lujosos, salas de reuniones, restaurantes e, incluso, alguna tienda. Una pequeña ciudad, en fin. Pero lo más importante de todo es que será ecológico. Su objetivo es reducir la enorme dependencia que existe en Australia, no sólo de los coches, sino también del transporte aéreo, tanto público como privado, y reducir los tiempos de los viajes entre las ciudades más importantes del país, así como reducir la congestión del tráfico de las grandes ciudades. La ruta entre Melbourne y Sydney es uno de los corredores más concurridos de tránsito aéreo en el mundo. Se trataría de viajar en tren y reducir el número de vuelos.

El megaproyecto comprende la construcción y el desarrollo del tren. El diseño está inspirado en la década de los sesenta del siglo pasado. La velocidad, en cambio, será del próximo siglo: el espectacular tren pretende llegar a una velocidad de 400 km/h.

Sin desmerecer el diseño espectacular del nuevo tren de alta velocidad y, por supuesto, aplaudiendo la medida, parece como si la empresa Hassell y los australianos que la apoyan hubieran descubierto América. En fin, hace mucho que todo el mundo sabe que el tren contamina muchísimo menos que cualquier transporte que use derivados del petróleo (coches, aviones…). El Gobierno tiene ahora que estudiar la viabilidad del proyecto. Pero, al menos, ha servido para que en Australia se reavive el debate sobre el problema de las emisiones. Porque algo tienen que hacer.

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