Plantas que brotan en el Ártico tras 500 años congeladas


Científicos canadienses estudiaban un glaciar en el Ártico canadiense cuando se encontraron con una sorpresa: plantas que habían brotado a partir de un proceso de descongelación. Esas plantas habían permanecido bajo tierra, congeladas, latentes, desde el siglo XV. Cinco siglos esperando las condiciones climáticas para salir, cinco siglos esperando que la temperatura fuera lo suficientemente alta para que el hielo del suelo desapareciera.

Los investigadores de la Universidad de Alberta descubrieron que el hielo retrocede a un ritmo cada vez mayor (pasando de 2 metros por año en la década de los noventa del siglo pasado a 4,1 metros por año en 2009), lo que ha permitido que broten algunos musgos y otras plantas no vasculares, en total, más de sesenta especies de plantas.

Tras un examen cuidadoso de todas estas especies, los científicos quedaron sorprendidos de lo bien conservados que se mantenían órganos delicados como los tallos y las hojas. Después, usando la datación por radiocarbono, determinaron que las plantas habían permanecido congeladas durante quinientos años, cuando el planeta se encontraba en la Pequeña Edad de Hielo y el glaciar estaba en su punto máximo.

Muchas de las plantas estaban mostrando señales de vida: puntas verdes y brotes, aunque sólo han estado libres de hielo durante menos de un año y a unos pocos centímetros de distancia del glaciar.

Cultivo en laboratorio


El equipo de científicos han recogido muestras de las plantas y las han cultivado en el laboratorio. Un tercio de las plantas volvió a crecer. Esta investigación ha sido publicada en la revista Proceeding of the National Academy of Sciences (PNAS). La comunidad científica creía que estas plantas de la Pequeña Edad de Hielo no iban a poder recuperarse nunca.

Además, hubo otro hallazgo importante. Las células de las plantas cultivadas en el laboratorio actuaron como células madre, ya que, a partir de ellas, se regeneró la planta entera, independientemente de la procedencia de la célula original. Esta propiedad es bien conocido en musgos. Pero nunca se había observado en ejemplares de hace 500 años.

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